Con más del 80% del área triguera fuera del período crítico y rendimientos extraordinarios en el centro y sur del país, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires elevó su proyección a un rango de 24 a 24,5 millones de toneladas. Es un volumen nunca antes alcanzado en la historia argentina y confirma la recuperación profunda del cereal tras dos años consecutivos de sequía.
Rindes que superan todos los registros
El avance intersemanal de la cosecha alcanzó el 16,5% del área apta y continúa revelando rindes muy superiores a la media histórica. El promedio nacional se ubica en 2.600 kg/ha, pero en numerosas zonas del país los pisos ya superan los 3.000 kg/ha, con máximos que rozan los 7.000 kg/ha.
Los promedios regionales se sitúan entre un 16% y un 27% por encima de los récords anteriores. Actualmente, el 62% del área está en etapa de llenado de grano y un 20% en madurez fisiológica. Solo el 18% del sur agrícola permanece en condición vulnerable a heladas tardías, aunque sin representar un riesgo significativo para el resultado general.
La provincia de Buenos Aires, núcleo triguero por excelencia, proyecta por sí sola más de 5 millones de toneladas, lo que refuerza la magnitud excepcional de esta campaña.
El interrogante que define la campaña
El crecimiento exponencial de la producción triguera abre una pregunta estratégica inevitable: ¿están dadas las condiciones para colocar más de 24 millones de toneladas en el mercado interno y externo sin presionar los precios ni comprometer la rentabilidad del productor?
Las incertidumbres se concentran en tres ejes principales:
Competencia internacional intensificada. Rusia, Australia y Canadá están ofreciendo volúmenes elevados en un contexto de buenas cosechas en el hemisferio norte, lo que genera una oferta global abundante y presiona los precios internacionales a la baja.
Brasil reduce sus compras. El principal comprador tradicional de trigo argentino ha incrementado su producción propia, disminuyendo su dependencia de las importaciones y achicando uno de los destinos más importantes para el cereal nacional.
Retenciones y costos logísticos. Los derechos de exportación y la estructura de costos internos condicionan tanto la rentabilidad del productor como el ritmo de comercialización, limitando la competitividad del trigo argentino en el mercado global.
Competir en un mercado saturado
Gonzalo Agusto, presidente de Argentrigo y economista jefe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, analizó la situación comercial del cereal en este contexto de producción creciente y mercado internacional competitivo y advirtió que los derechos de exportación reducen en aproximadamente 20 dólares por tonelada el precio efectivo que recibe el productor. Esa brecha no solo achica la renta, sino que limita la capacidad de invertir en tecnología o financiamiento comercial.
El economista señaló que las condiciones en el hemisferio norte son favorables, lo que asegura «una oferta interesante a nivel global». En este escenario, Argentina deberá competir con precios internacionales moderados y compradores diversificados, lo que hace imprescindible optimizar costos logísticos y tiempos de embarque.
Tres desafíos comerciales urgentes
Fortalecer la competitividad integral. Argentina deberá mejorar su posicionamiento en precio FOB, logística y esquemas de financiamiento para mantener y expandir mercados en África del Norte y el Sudeste Asiático, destinos clave para el trigo nacional.
Capacidad instalada, pero fluidez en riesgo. La infraestructura exportadora está disponible, pero el verdadero desafío será sostener la fluidez comercial en un contexto de abundancia global y presión fiscal local. La velocidad de venta será determinante.
Evitar cuellos de botella. El principal riesgo no es de volumen sino de ritmo: una cosecha récord obliga a prevenir saturaciones en la cadena de acopio y embarque, especialmente durante el primer trimestre del año comercial, cuando se concentra la mayor parte de la oferta.
La combinación de alta oferta local y buen suministro internacional tenderá a moderar los precios. Esto puede presionar el margen del productor, especialmente en zonas donde los costos de flete son elevados y la distancia a puerto encarece la operatoria.