El segundo Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, celebrado en Panamá durante dos jornadas intensas, marcó un punto de inflexión en las relaciones regionales. El evento, organizado por el banco de desarrollo CAF, congregó a casi 4.500 participantes y siete mandatarios en ejercicio, además de un presidente electo, en un ambiente de colaboración sin precedentes.
La imagen más emblemática del encuentro capturó el espíritu de estos días: el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva saludando cordialmente a José Antonio Kast, quien asumirá la presidencia de Chile el 11 de marzo. Dos figuras políticas diametralmente opuestas —el líder progresista más influyente de la región y un representante de la extrema derecha chilena que no condena la dictadura de Pinochet— compartieron una reunión de hora y media, inusualmente extensa para este tipo de encuentros. Kast declaró posteriormente que su relación con Lula trascendería «las diferencias ideológicas» en beneficio de sus naciones.
La sombra de Trump impulsa el diálogo
Aunque su nombre no se pronunció explícitamente, la figura de Donald Trump permeó cada discusión del foro panameño. Desde el centro de convenciones con vistas al Pacífico, cercano al estratégico Canal, los líderes regionales abordaron temas cruciales: democracia, crisis climática, transformación digital, inversión y cooperación Sur-Sur. El rechazo compartido a las políticas estadounidenses actuó como catalizador, impulsando a gobiernos de distintas orientaciones a buscar respuestas conjuntas.
Por primera vez en años, el concepto de «integración regional» resonó en voces tanto de izquierda como de derecha. Las antiguas divisiones —Unasur progresista, ALBA socialista, Alianza del Pacífico comercial— parecieron diluirse ante un enemigo común. Lula estrechó manos con Kast, el colombiano Gustavo Petro compartió escenario con el ecuatoriano Daniel Noboa, y el boliviano Rodrigo Paz —novato en estos escenarios— propuso tender puentes con Chile, pese al histórico conflicto marítimo entre ambos países.
«Presenciamos algo esperanzador», celebró el expresidente colombiano Juan Manuel Santos durante uno de los paneles. «Siete presidentes y un electo, de ideologías diversas, conversando con respeto mutuo. Algo que era habitual en otras épocas se volvió excepcional en los últimos años. La mayoría destacó la importancia vital de integrarnos como región».
Ausencias significativas
Ni el argentino Javier Milei ni el paraguayo Santiago Peña, ambos alineados estrechamente con Trump, asistieron al encuentro. Más sorprendente resultó la ausencia de México, segundo bastión progresista regional después de Brasil.
Un futuro incierto pero prometedor
El foro panameño superó todas las previsiones, triplicando la asistencia de su primera edición y logrando una confluencia de líderes impensable en cualquier cumbre oficial. La región pareció reconocer la urgencia de superar divisiones internas —que Lula señaló como principales obstáculos para la integración— y explorar soluciones propias ante un panorama mundial cada vez más volátil.
No hubo declaración final ni documento de clausura. El encuentro funcionó como espacio inesperado para diálogos multilaterales entre gobiernos de todo el espectro político. Queda por verse si esta búsqueda de integración renovada prosperará o se desvanecerá con el tiempo.