Las criptomonedas en el comercio internacional

Para 2026, se proyecta que entre 5% y 15% de los pagos comerciales transfronterizos involucrarán alguna forma de criptomoneda o moneda digital.
19/12/2025
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Las criptomonedas, que hace apenas una década eran consideradas una curiosidad tecnológica o una herramienta especulativa, están consolidándose como una alternativa real para los pagos transfronterizos. Mirando hacia 2026, el panorama sugiere que esta adopción no sólo continuará, sino que se acelerará de manera significativa.

La promesa fundamental de las criptomonedas en el comercio internacional reside en su capacidad para eliminar fricciones que han existido durante décadas. Los pagos tradicionales entre empresas de diferentes países pueden tardar entre tres y cinco días hábiles en procesarse, atravesando múltiples bancos corresponsales y acumulando comisiones en cada paso. En contraste, una transacción con criptomonedas puede completarse en cuestión de minutos, con costos sustancialmente menores y sin importar si es lunes por la mañana o domingo por la noche.

Esta ventaja operativa se vuelve especialmente relevante para pequeñas y medianas empresas que históricamente han enfrentado barreras significativas para participar en el comercio global. Los requisitos mínimos de transacción, las comisiones fijas elevadas y la complejidad burocrática del sistema bancario tradicional han excluido a muchos actores potenciales. Las criptomonedas democratizan el acceso, permitiendo que una empresa en Lagos pueda comerciar con otra en Buenos Aires con la misma facilidad técnica que si estuvieran en el mismo país.

Sin embargo, la volatilidad sigue siendo el elefante en la habitación. Una empresa que acepta Bitcoin como pago por una exportación puede ver cómo el valor de ese pago fluctúa dramáticamente antes de poder convertirlo a su moneda local. Esta incertidumbre representa un riesgo inaceptable para muchas organizaciones que operan con márgenes ajustados. La respuesta del mercado ha sido el desarrollo y proliferación de stablecoins, criptomonedas vinculadas a activos estables como el dólar estadounidense o el euro. Estas prometen combinar las ventajas tecnológicas de las criptomonedas con la estabilidad de las monedas fiduciarias tradicionales.

Para 2026, es probable que veamos una segmentación clara del mercado. Las criptomonedas volátiles como Bitcoin continuarán utilizándose principalmente como reserva de valor o para transacciones específicas donde ambas partes participan activamente en el ecosistema cripto. Las stablecoins, por su parte, probablemente dominarán las aplicaciones comerciales prácticas, especialmente para contratos de mediano y largo plazo donde la predictibilidad de valor es esencial.

El marco regulatorio será determinante en esta evolución. Actualmente asistimos a una carrera global donde diferentes jurisdicciones están definiendo sus posturas. La Unión Europea ha avanzado con su regulación MiCA (Markets in Crypto-Assets), estableciendo un marco comprensivo que podría servir de referencia para otros bloques económicos. Estados Unidos, por su parte, mantiene un enfoque fragmentado entre múltiples agencias regulatorias, creando incertidumbre pero también innovación. Para 2026, es probable que veamos mayor convergencia regulatoria, al menos entre las principales economías, lo que facilitará la adopción empresarial al reducir los riesgos legales.

China presenta un caso particularmente interesante. Aunque prohibió las criptomonedas privadas, ha avanzado agresivamente con su yuan digital, una moneda digital de banco central. Esta estrategia podría acelerar la digitalización de los pagos internacionales, particularmente en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, donde China es el socio comercial dominante. Para 2026, es plausible que una porción significativa del comercio sino-africano y sino-latinoamericano se liquide mediante monedas digitales, aunque bajo control estatal.

Los desafíos técnicos también requieren atención. La escalabilidad de las principales blockchains ha mejorado, pero procesar el volumen global de transacciones comerciales requiere infraestructura adicional. Las soluciones de segunda capa, que procesan transacciones fuera de la blockchain principal para luego consolidarlas, están madurando rápidamente. Para 2026, estas tecnologías deberían ser suficientemente robustas para manejar volúmenes comerciales significativos sin comprometer la seguridad o descentralización que hace valiosas a las criptomonedas.

La adopción institucional está acelerándose. Grandes corporaciones como Tesla, MicroStrategy y empresas del sector tecnológico ya han incorporado Bitcoin en sus balances. Más relevante para el comercio internacional es que procesadores de pago como PayPal, Visa y Mastercard están integrando capacidades cripto, construyendo puentes entre los sistemas tradicionales y emergentes. Para 2026, es razonable esperar que la mayoría de las plataformas de comercio electrónico y procesadores de pago ofrezcan opciones cripto como parte estándar de sus servicios.

El impacto en economías emergentes podría ser particularmente transformador. Países con monedas débiles o sistemas financieros subdesarrollados encuentran en las criptomonedas una forma de participar en el comercio global sin depender completamente de su infraestructura bancaria local. Venezuela, Argentina y varios países africanos ya muestran tasas de adopción cripto superiores al promedio global, impulsadas por necesidad económica más que por entusiasmo tecnológico. 

Esta tendencia probablemente se intensificará hacia 2026

Los aspectos fiscales y contables están evolucionando. Inicialmente, la ambigüedad sobre cómo clasificar y reportar transacciones cripto creaba incertidumbre. Progresivamente, los estándares contables internacionales están incorporando guías específicas, y las autoridades tributarias están desarrollando frameworks para gravar estas operaciones. Para 2026, deberíamos tener mayor claridad y uniformidad, facilitando que los departamentos financieros corporativos integren las criptomonedas en sus operaciones rutinarias.

La interoperabilidad entre diferentes blockchains es otro desarrollo crucial. Actualmente, transferir valor entre diferentes criptomonedas o blockchains puede ser complejo y costoso. Los protocolos de interoperabilidad que permiten comunicación fluida entre cadenas están avanzando rápidamente. Para 2026, esta fricción debería haberse reducido significativamente, permitiendo a las empresas elegir las mejores herramientas para cada necesidad específica sin quedar atrapadas en un único ecosistema.

Mirando el panorama completo hacia 2026, lo más probable es una coexistencia híbrida. El sistema bancario tradicional no desaparecerá, sino que se adaptará e integrará elementos de la tecnología blockchain. Simultáneamente, un ecosistema cripto nativo madurará, ofreciendo alternativas completas para ciertos tipos de transacciones comerciales. 

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