Estados Unidos redefine el hemisferio

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 y el nuevo tablero geopolítico en América Latina.
04/01/2026
4 minutos de lectura

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSS, por sus siglas en inglés) para 2025 marca un punto de inflexión en la política exterior norteamericana. Bajo la nueva administración de Donald Trump, América Latina deja de ser un escenario periférico para convertirse en un espacio central de competencia estratégica. El hemisferio occidental vuelve al primer plano, no como ámbito de cooperación multilateral, sino como zona prioritaria de defensa del interés nacional estadounidense.

El documento, que orientará la política general de Washington en los próximos años, abandona el enfoque globalista que predominó desde el final de la Guerra Fría y adopta una lógica realista, soberanista y selectiva, sintetizada en el principio rector de America First. En ese marco, América Latina aparece como territorio clave frente al avance de potencias extra hemisféricas, especialmente China y Rusia, y como pieza fundamental en la reconfiguración de las cadenas globales de suministro.

Un cambio de paradigma

La NSS 2025 rompe con la narrativa de liderazgo benevolente y cooperación multilateral que caracterizó a Estados Unidos durante décadas. En su lugar, propone una política exterior centrada en la autosuficiencia económica y militar, la priorización geográfica y la defensa estricta de la soberanía nacional. El multilateralismo deja de ser un fin en sí mismo y pasa a evaluarse en función de su utilidad directa para los intereses estadounidenses.

Este giro doctrinal se traduce en una clara jerarquización de prioridades: el hemisferio occidental se sitúa por delante de otros escenarios tradicionales como Oriente Medio, África o incluso Europa. En ese contexto, América Latina emerge como un espacio donde se entrecruzan seguridad, economía, migración y competencia tecnológica.

El retorno de la Doctrina Monroe

Uno de los ejes más significativos de la nueva estrategia es la reafirmación de la Doctrina Monroe, reinterpretada bajo lo que algunos analistas ya denominan el “Corolario Trump”. La NSS plantea explícitamente la necesidad de restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio, contener la influencia de actores no hemisféricos y garantizar el control de rutas e infraestructuras estratégicas, como el Canal de Panamá, los principales puertos y los nodos logísticos críticos.

China y Rusia son identificadas como los principales desafíos. Sus inversiones en infraestructura, telecomunicaciones, energía y minería son vistas como amenazas directas a la seguridad nacional estadounidense. En consecuencia, Washington anticipa una política más activa para bloquear o condicionar proyectos considerados estratégicos.

Migración, seguridad y control fronterizo

La migración masiva ocupa un lugar central en la NSS 2025, definida como una amenaza primaria para la estabilidad interna de Estados Unidos. El documento propone reforzar el control fronterizo y habilitar acciones coordinadas —e incluso operaciones en terceros países— para frenar los flujos migratorios, vinculando este fenómeno con el narcotráfico, el crimen organizado y la inseguridad regional.

Este enfoque anticipa una mayor presión sobre los países latinoamericanos, especialmente en corredores críticos como Centroamérica y el Darién, con impactos directos en las políticas migratorias, la cooperación en seguridad y los debates sobre derechos humanos.

Competencia económica y tecnológica

Frente a China, la estrategia estadounidense apuesta por una contención económica y tecnológica más que por una confrontación militar directa. La NSS promueve la reconfiguración de las cadenas de suministro mediante esquemas de nearshoring y friendshoring, posicionando a América Latina como una alternativa estratégica para reducir la dependencia de Asia.

Manufactura, agroindustria, servicios, ciberseguridad y minerales críticos aparecen como sectores prioritarios. Algunos países, como Colombia, son identificados como “socios amigos” con potencial para integrarse más profundamente al entramado productivo estadounidense, aunque siempre bajo criterios de alineamiento político y estratégico.

Menos Europa, más hemisferio

La nueva visión internacional también introduce una distancia inédita respecto de Europa. La histórica alianza transatlántica es puesta en cuestión, especialmente en relación con la guerra en Ucrania, la política migratoria europea y el compromiso con agendas multilaterales como el Acuerdo de París. Europa deja de ser un socio estratégico automático y pasa a ocupar un lugar secundario, condicionado a su convergencia con los intereses de Washington.

América Latina entre oportunidades y presiones

Para la región, la NSS 2025 configura un escenario ambivalente. Por un lado, abre oportunidades económicas concretas vinculadas al comercio, la inversión y la integración en nuevas cadenas de valor. Por otro, incrementa la presión geopolítica y reduce los márgenes de autonomía estratégica.

La relación entre Estados Unidos y América Latina ha estado históricamente marcada por intervenciones, asimetrías de poder y desconfianza. Aunque existen lazos económicos, culturales y humanos profundos, el legado de injerencias pasadas sigue pesando en la percepción regional. Sin embargo, también persiste un pragmatismo extendido que acepta la hegemonía estadounidense como garantía de estabilidad y oportunidades, aun a costa de autonomía.

La NSS es clara en este punto: el desarrollo hemisférico es bienvenido sólo en la medida en que no contradiga los objetivos estratégicos de Estados Unidos. La prosperidad regional queda subordinada a la lógica de seguridad y competencia global de Washington.

¿Un espacio para Europa?

En este contexto, Europa aparece de manera indirecta y marginal en la estrategia estadounidense. En un mundo crecientemente dominado por grandes potencias que desconfían de las reglas comunes, una mayor cooperación entre Europa y América Latina podría funcionar como contrapeso y como espacio de defensa de un orden internacional basado en normas.

Conclusiones

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 redefine la política exterior de Estados Unidos con un enfoque hemisférico, pragmático y soberano. Para América Latina, el nuevo escenario combina oportunidades económicas con riesgos de subordinación estratégica. El desafío para los países de la región será encontrar un equilibrio entre cooperación y autonomía, en un contexto donde seguridad, migración, economía y geopolítica están cada vez más entrelazadas.

El renovado interés estadounidense abre puertas, pero también impone condiciones.

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