Hace tiempo que la Inteligencia Artificial ha dejado de ser un tema llamativo, curioso o de exclusividad de una película de ficción. En estos momentos, forma parte de nuestras vidas. La mayoría de la población está familiarizada con el término de Inteligencia Artificial. Cada día aumenta el número de personas que adquieren conocimiento sobre cómo funciona la IA.
Todo apunta a que la Inteligencia Artificial va a determinar nuestra forma de ser y estar en el mundo; así como va a determinar la investigación científica.
Como todo gran cambio que ha tenido lugar a lo largo de la historia, la IA nos ofrece una enorme cantidad de posibilidades a nivel personal y de oportunidades económicas, empresariales y comerciales; también en el ámbito de las finanzas, la salud y el entretenimiento (por citar algunas); pero de igual forma, despierta en nosotros: incertidumbre, temor y miedo a sus posibles consecuencias.
La fe en la Inteligencia Artificial está adquiriendo, casi, el mismo poder que antes tenía la religión: es toda una doctrina de la salvación… De la salvación a través de la Inteligencia Artificial.
Todo ello, aún, con la duda de si se va a transformar en un proyecto de: emancipación humana, de control o en un gran negocio… o en los tres.
Lo que sí sabemos es que la Inteligencia Artificial tiene como tarea imitar al ser humano, pero superando sus imperfecciones. Por eso, al mismo tiempo que se perfecciona, pone en evidencia las carencias del ser humano. Como señalaba K. S. Lewis, quizás por eso: “todo nuevo aprendizaje se hace sitio creando una nueva ignorancia”.
Y también pone en evidencia la cuestión del poder, pues estamos viendo y sufriendo que no es lo mismo tratar de conseguir el poder con la propaganda y la información al uso tradicional que con la Inteligencia Artificial y/o un ordenador cuántico.
En definitiva, entre los fundamentalistas tecnológicos que afirman y gritan que la ciencia es la búsqueda desinteresada de la verdad y del bien-estar de los ciudadanos y los apocalípticos recordándonos constantemente el potencial destructivo de las nuevas tecnologías, existe todo un campo de acción y de posibilidades que nos ofrece y nos brinda la Inteligencia Artificial. Una IA que se nos revela como una herramienta fascinante en muchos aspectos, para:
- Ampliar las capacidades de las personas
- Fomentar la creatividad
- Impulsar el emprendimiento
- Añadir valor añadido a la organización/empresa…
De ahí, que una de las diferencias que marca la diferencia de cara al futuro va a estar entre las organizaciones/empresas que integren estas herramientas en su quehacer diario y las que no. Pero otra diferencia, y esta notable, va a venir marcada por el Análisis de Inteligencia. Y como saben, todo este mundo está siendo determinado por tres ámbitos:
- El de las capacidades tecnológicas y su desarrollo
- Los datos para entrenar y alimentar a la IA
- Y el talento en las organizaciones. El talento en la versión del Analista de Inteligencia, como valor añadido
Con esto, lo que queremos subrayar es que no solo necesitamos herramientas tecnológicas; no sólo necesitamos datos (para la IA y su insaciable hambre de datos). Necesitamos datos de calidad, veraces y contrastados; datos contextualizados; datos bien relacionados y datos analizados; y la única manera que tenemos de ver si nos podemos fiar de los datos y si son creíbles es a base de preguntar y preguntar… y saber preguntar bien, requiere saber analizar y saber pensar; y de esta forma, ver si se toman las mejores decisiones y si se responde mejor a nuestros problemas. Pero esto, no es fácil de hacer. Es aquí donde entra el Analista de Inteligencia. Este no solo cuenta (o levanta acta de) lo que ocurre o sucede, sino lo que significa eso que ocurre y sucede de forma crítica para así poder tomar decisiones relevantes.
Claro que el dato es el petróleo del S. XXI, pero el Análisis de Inteligencia es la refinería, ya que el que tenga ojos no quiere decir que sepa ver.
En definitiva, consideramos que este tiempo de Inteligencia Artificial, también demanda profesionales del Análisis de Inteligencia. ¿Por qué? Porque la IA nos ofrece ventajas competitivas, pero las ofrece para todos y todas, pero el elemento diferenciador lo pone la persona: lo pone el Analista de Inteligencia. Porque quien pregunta y valora las respuestas; quien contextualiza y relaciona los datos y la información y lo analiza, es la persona: es el Analista de Inteligencia.

