La estimación del PBI chino para 2025 estuvo condicionada por el desplome histórico de la inversión doméstica. La formación de capital registró su peor desempeño desde los primeros meses de la pandemia y lejos de recuperarse, el deterioro se aceleró durante los últimos meses del año. Aunque el crecimiento económico de China se mantuvo a flote, gracias a un aumento extraordinario de las exportaciones netas, este modelo ha generado déficits comerciales cada vez mayores para el resto del mundo.
En 2026, la economía china dependerá aún más de su superávit comercial para sostener el crecimiento. Cualquier desaceleración en las exportaciones tendría consecuencias devastadoras, dada la fragilidad de la demanda interna y el margen cada vez más limitado para implementar políticas fiscales expansivas.
Mientras tanto, Pekín insiste en que sus reformas priorizarán el estímulo de la demanda doméstica, un discurso que resonará en los pasillos de Davos, Washington y otras capitales occidentales. Sin embargo, la confianza en que estos cambios se materialicen debe ser moderada por tres factores cruciales: la comprensión profunda de los problemas estructurales que enfrenta el modelo de crecimiento chino, el historial poco convincente de promesas similares incumplidas, y la escasez de evidencia concreta de transformaciones reales.
La Discrepancia entre las Cifras Oficiales y la Realidad Económica
La brecha entre la narrativa oficial de China y su realidad económica se ha venido ampliando durante varios años. Los datos para el período 2022-2025 sugieren que el nivel real del PBI este año es aproximadamente 11% inferior a lo que afirman las estadísticas gubernamentales. La mayor parte de este ajuste corresponde al componente de inversión o formación bruta de capital del PBI.
Esta corrección implica una caída de aproximadamente 9 puntos porcentuales en la participación de China en la inversión global entre 2021 y 2025. Este dato explica en gran medida tanto el aumento explosivo de las exportaciones chinas como la creciente preocupación internacional sobre los desequilibrios externos del país.
Un Patrón Persistente de Sobrestimación
El error sistemático en la medición de la economía china ha sido persistente y consistente, siempre en la misma dirección: la sobrestimación. Esta distorsión estadística ha ocultado desequilibrios globales que ahora representan riesgos sistémicos, obligando a otros países a enfrentar la enorme sobrecapacidad productiva china.
El Fondo Monetario Internacional finalmente lo está señalando. Francia y otras naciones del G7, más allá de Estados Unidos, califican estos desequilibrios como preocupaciones estratégicas de primer orden. Y aunque el plan del presidente Trump para establecer un curso constructivo con Pekín en 2026, corre el riesgo de derivar en una colisión peligrosa si se basa en un mapa erróneo de las verdaderas direcciones económicas de China.
El futuro de las relaciones económicas globales con China dependerá de la capacidad de los líderes mundiales para distinguir entre retórica y realidad. Solo con una comprensión precisa de las vulnerabilidades estructurales de la economía china será posible diseñar políticas que protejan la estabilidad del sistema económico internacional.