Cuando pagar impuestos deja de ser un dolor de cabeza

Un archipiélago de 54.000 habitantes con un sistema tributario completamente automatizado donde nadie tiene que hacer la declaración de la renta.
15/12/2025
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En medio del Atlántico Norte, entre Noruega, Islandia y Escocia, existe un pequeño archipiélago donde pagar impuestos no genera quebraderos de cabeza. Las Islas Feroes, con apenas 54.000 habitantes repartidos en 1.393 kilómetros cuadrados de territorio volcánico, han desarrollado un modelo fiscal que muchos expertos consideran revolucionario.

Este territorio autónomo del Reino de Dinamarca —que, al igual que Groenlandia, permanece fuera de la Unión Europea— ha construido su prosperidad sobre pilares muy concretos: la pesca, la acuicultura y un sistema tributario que funciona casi como un reloj suizo. Las 18 islas que conforman el archipiélago están conectadas mediante una red de túneles submarinos, ferris y puentes, pero lo que realmente las une es un modelo de gestión fiscal que elimina la burocracia innecesaria.

Una economía próspera con desempleo casi inexistente

La vida en las Feroes transcurre con una tranquilidad poco común. El desempleo es prácticamente anecdótico, el estado de bienestar es robusto y el índice de desarrollo humano se sitúa entre los más altos del planeta. Aunque la economía depende casi exclusivamente de la industria pesquera y sus derivados —complementada con una ganadería ovina de autoconsumo—, los acuerdos comerciales con países vecinos han permitido que este pequeño país insular mantenga una economía saneada.

Pero hay un elemento que destaca sobre los demás en esta fórmula de prosperidad: su sistema fiscal. A diferencia del modelo danés, las Feroes cuentan con autonomía tributaria completa, y han sabido aprovecharla para crear algo verdaderamente innovador.

La declaración de la renta que no existe

Para la inmensa mayoría de los feroeses, la típica angustia anual de hacer la declaración de la renta simplemente no existe. Su sistema tributario centralizado opera de forma completamente automática: recauda impuestos, ajusta retenciones y distribuye ayudas sociales sin que los ciudadanos tengan que mover un dedo.

¿Perdiste tu empleo? Las autoridades fiscales ajustan tus retenciones de inmediato. ¿Necesitas apoyo económico? El sistema identifica tu situación y activa las ayudas correspondientes sin necesidad de solicitudes ni trámites engorrosos. Todo fluye de manera natural, casi invisible.

Progresividad fiscal sin complicaciones

El modelo feroés parte de un principio simple pero efectivo: las circunstancias de cada contribuyente son diferentes. Un trabajador con ingresos básicos no puede equipararse a un empresario con múltiples negocios. Por ello, las cargas fiscales más elevadas recaen sobre quienes mayores ingresos generan, mientras que las ayudas se dirigen con precisión quirúrgica hacia los sectores más vulnerables de la población.

Lo sorprendente es que, según las propias autoridades fiscales del archipiélago, este sistema no es complejo de gestionar. Todo lo contrario: lo describen como «muy sencillo». La clave reside en dos factores fundamentales.

La simplicidad como estrategia

Primero está el tamaño: con una población equivalente a la de una ciudad mediana, el seguimiento individualizado resulta viable. Pero el verdadero truco está en el diseño del sistema: la eliminación total de deducciones en el impuesto sobre la renta.

Esta decisión, que podría parecer polémica en otros contextos, es lo que permite la automatización completa. Al no existir deducciones por hijos, hipotecas, donativos o cualquier otro concepto, la administración tributaria puede calcular con precisión matemática la base imponible y el impuesto correspondiente a cada ciudadano.

La Hacienda feroesa tiene acceso directo a toda la información financiera relevante. No necesita intermediarios ni depende de que los empleadores proporcionen datos. El sistema cruza información en tiempo real y realiza los cálculos automáticamente, sin intervención humana y prácticamente sin margen de error.

Un modelo exportable

Lo que ocurre en las Islas Feroes plantea una pregunta incómoda para el resto del mundo: si un archipiélago remoto de 54.000 personas puede eliminar la burocracia fiscal y hacer que el sistema funcione de forma automática, ¿por qué no pueden hacerlo países más grandes?

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