Las perspectivas económicas para América Latina en 2026 pintan un escenario de estabilidad moderada, según las últimas proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La región crecerá un 2,3%, una cifra ligeramente inferior al 2,4% estimado para 2025, lo que marca el cuarto año consecutivo de expansión económica limitada.
José Manuel Salazar-Xirinachs, Secretario Ejecutivo de CEPAL, ofrece una lectura matizada de estas cifras: aunque el crecimiento es bajo, existen señales alentadoras en otros indicadores macroeconómicos clave. «La inflación continúa descendiendo y el financiamiento externo se mantiene bastante resiliente», señaló el funcionario, destacando dos pilares fundamentales para la estabilidad regional.
Las buenas noticias: inflación controlada y acceso a financiamiento
El descenso sostenido de la inflación representa uno de los logros más significativos de la región. CEPAL proyecta que la inflación alcanzará una mediana de 3,0% en 2026, consolidando el proceso de desaceleración iniciado en 2024 y acercándose a las metas establecidas por los bancos centrales de la región. Esta estabilidad de precios, combinada con un financiamiento externo resiliente, ofrece un colchón importante frente a posibles turbulencias económicas.
Los desafíos: consumo y empleo pierden fuerza
Sin embargo, el panorama no está exento de nubes en el horizonte. El consumo privado, que ha sido el motor principal de la economía latinoamericana en los últimos años, perderá impulso en 2026. Esta desaceleración viene acompañada de un menor dinamismo de la demanda externa, lo que complica las perspectivas de crecimiento.
El mercado laboral también muestra señales de enfriamiento. CEPAL proyecta que el crecimiento del empleo se desacelerará a 1,3% en 2026, lo que podría presionar aún más el consumo de los hogares y la recuperación económica general.
Un continente de tres velocidades
Las proyecciones revelan diferencias marcadas entre las distintas subregiones:
América del Sur enfrentará una desaceleración a 2,4% en 2026, afectada por un menor crecimiento en la mayoría de sus economías. Esta región, que incluye a gigantes como Brasil y Argentina, continuará lidiando con desafíos estructurales que limitan su expansión.
Centroamérica ofrece un panorama más optimista, con una mejora esperada hacia el 3,0%. No obstante, persisten vulnerabilidades importantes vinculadas al comercio internacional, la dependencia de las remesas y una exposición crítica al cambio climático que podría afectar sectores productivos clave.
El Caribe se destaca con un impresionante crecimiento proyectado de 8,2%, aunque esta cifra está fuertemente impulsada por la actividad petrolera en Guyana, lo que significa que el dinamismo no está distribuido uniformemente en toda la subregión.
El veredicto: estabilidad sin euforia
No será un año de despegue económico ni de transformación, pero tampoco uno de crisis. La región seguirá atrapada en lo que CEPAL denomina una «trampa de baja capacidad para crecer», un patrón que se ha consolidado en los últimos cuatro años.
Lo positivo es que esta modesta expansión viene acompañada de fundamentos macroeconómicos más sólidos: inflación controlada, acceso a financiamiento y una mayor estabilidad en los mercados. Estos elementos, aunque no garantizan un crecimiento robusto, sí ofrecen un piso más firme para enfrentar los desafíos venideros y construir las bases de una recuperación más consistente en el mediano plazo.
El desafío para los gobiernos de la región será aprovechar esta estabilidad para impulsar reformas estructurales que permitan romper el ciclo de bajo crecimiento y generar las condiciones para una expansión más dinámica e inclusiva en los años siguientes.