El mundo se enfrenta a una encrucijada en 2026. Adaptarse al cambio o quedar a merced de los acontecimientos. Son estas las dos opciones que se presentan tras un 2025 que ha dejado huellas profundas en el tablero geopolítico global.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca para su segundo mandato ha consolidado el retorno a una lógica de poder descarnada, donde el multilateralismo cede terreno ante la imposición de los más fuertes sobre los más débiles. Una dinámica que redefine las reglas del juego internacional.
Europa ante un aliado impredecible
Para el Viejo Continente, el nuevo año traerá el desafío de lidiar con un socio transatlántico cada vez más errático. La guerra en Ucrania, mientras tanto, permanece lejos de una resolución definitiva, con millones de vidas suspendidas en la incertidumbre del conflicto. El continente europeo deberá encontrar su propio camino en un escenario donde las certezas de décadas atrás parecen difuminarse día a día.
Medio Oriente: el año de la verdad
2026 será también un momento crucial para la frágil tregua en Medio Oriente, que deberá atravesar su etapa políticamente más delicada. La región, epicentro histórico de tensiones globales, enfrenta pruebas que determinarán si la calma actual es sostenible o simplemente un paréntesis antes de nuevas tormentas.
Nuevos campos de batalla
En un contexto donde la fuerza parece imponerse sobre las normas, la competencia entre potencias ya no se limita a la geografía tradicional. El espacio exterior y la inteligencia artificial emergen como los nuevos territorios de confrontación, donde se dirimirán ventajas estratégicas que definirán el siglo XXI.
La carrera espacial y el dominio de las tecnologías emergentes se han convertido en indicadores de poder tan relevantes como el músculo militar o la capacidad económica.
Liderazgos bajo presión
Si la llegada del «ciclón Trump» ha vuelto a poner el foco en la cuestión del liderazgo, 2026 será llamado a tomar decisiones trascendentales para el destino de los países, en todas las latitudes del planeta.
Desde Europa hasta Asia, pasando por América Latina y África, los líderes mundiales enfrentarán encrucijadas que pondrán a prueba su capacidad para navegar un orden internacional cada vez más convulso.
La gran pregunta
La capacidad de los actores internacionales para adaptarse al cambio no solo definirá el año que está por comenzar, sino también los equilibrios futuros de un mundo sumido en la incertidumbre. La elección entre la adaptación proactiva y la deriva pasiva marcará la diferencia entre quienes logran sobrevivir a la tormenta y quienes quedan arrastrados por ella.
En este 2026, más que nunca, la flexibilidad estratégica se perfila como la virtud más valiosa en un tablero donde las reglas se reescriben constantemente.