España, China y la Ruta de la Seda

Uno de los grandes interrogantes y desafíos que plantea la intensificación de las relaciones entre China y América Latina es el rol de España en el contexto iberoamericano.

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Uno de los grandes interrogantes y desafíos que plantea la intensificación de las relaciones entre China y América Latina es el rol de España en el contexto iberoamericano. El incremento exponencial de las relaciones comerciales entre China y la región y el stock de su inversión en América Latina muestran que el gigante asiático ha encontrado en estos países un socio ideal. Las correcciones en el rumbo impuestas por el gobierno chino para desalentar la inversión en actividades como clubes de fútbol, casinos e inmuebles de alta gama e incentivar la IED en energía, metales, alimentos y alta tecnología profundizan las coincidencias con las necesidades reales de la región.

El gigantesco programa lanzado por el presidente Xi como Nueva Ruta de la Seda es la gran estrategia de China para su liderazgo en el nuevo orden mundial. Incluye a América Latina en la estrategia global de China como zona vital y soporte de seguridad energética, alimentaria y de recursos hídricos. Aunque la región no es parte formal del proyecto, es indudable que este va a potenciar aún más sus lazos políticos, económico-comerciales y culturales con China.

Algunas voces, tanto en España como en China, señalan el hipotético rol que podría tener España como puerta de los países iberoamericanos hacia la Nueva Ruta de la Seda. Así lo expresaba Fernando García Casas, ex secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica: “España puede aportar mucho a la relación entre China y América latina jugando el papel de facilitador de la convergencia y aportando a la triangulación en grandes temas como infraestructuras, energía, banca y cultura. Siempre como socios, amigos y aliados tanto de China como de América Latina” (Congreso del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, 2017).

La aclaración de García Casas referida a la amistad y sociedad es oportuna. Las relaciones de negocios de los países de América Latina con China están muy avanzadas y maduras y la “triangulación” levanta ampollas en la sensibilidad latinoamericana, en tanto pueda significar una intromisión en los vínculos sino-latinoamericanos que significan la esperanza regional para alcanzar un desarrollo siempre postergado.

Por primera vez, las inversiones chinas están posibilitando obras de infraestructuras básicas para el desarrollo de América Latina. Toda contribución europea a incrementar esas inversiones será bienvenida en la medida que no introduzca “triangulaciones” innecesarias en relaciones que fluyen con un dinamismo extraordinario.

Para los países latinoamericanos, el aporte de España como puerta de la Ruta de la Seda se basa en el interés estratégico español en participar en los grandes esquemas continentales de conectividad que plantea China y en los avances ya logrados. China podría destinar directa o indirectamente a este proyecto más de un 1,5 billón de dólares, a través de instituciones públicas como el Silk Road Fund, suma a la que habría que agregar los aportes de la participación privada y los recursos financieros públicos de los países interesados. Es, por tanto, un monumental proyecto de implicancias globales, que abre el cauce para infinidad de oportunidades en áreas de infraestructura, transportes, energía, entre otras.

España busca establecer una estrategia nacional ante el gigantesco proyecto de conectividad euro-asiática, al que China otorga trascendencia estratégica global en tanto extiende los vínculos marítimos de la Nueva Ruta de la Seda a América Latina y África. Y ello puede significar extraordinarias oportunidades para la intensificación de los negocios iberoamericanos.

Por su posición geográfica y sus potencialidades económicas, políticas y sociales, América Latina es un actor relevante del espacio atlántico, un socio preferente de España y, a través suyo, un socio privilegiado del resto del espacio comunitario. El rol de la UE y España como principal inversor en América Latina está jaqueado por China, que no deja de crecer en la región. La posición de España y de Europa debería ser la de aprovechar las oportunidades que el actual contexto puede ofrecer.

Las potencialidades que ofrece América Latina son indudables, como lo son los beneficios que podrían derivarse de una intensificación de la relación de dos regiones que se necesitan mutuamente. Reforzar y renovar una relación bilateral con la UE y con España en singular, moderna y profunda, de igual a igual, supondrá una tarea conjunta y la voluntad explícita de todas las partes. Lejos de cualquier intento de “triangulación”.