Inversiones chinas en América Latina

Para muchos países de América Latina, con acceso limitado a los mercados financieros y a estrategias regionales de EE UU y Europa, el financiamiento y la inversión china posibilitaron infraestructuras necesarias para su desarrollo, históricamente postergadas por aquellas limitaciones.

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El capítulo de las inversiones chinas en la región merece un particular análisis, en tanto el gigante asiático no solo ha cumplido un rol decisivo en el financiamiento de grandes proyectos de inversión en diversos sectores como energía, transporte y carreteras, sino que se ha constituido en la principal fuente de financiamiento de proyectos de desarrollo regional. En los últimos años, los bancos de China proporcionaron a la región más financiamiento del que proporcionaron el BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) juntos, que eran los organismos tradicionales para ese tipo de emprendimientos en la región y que condicionaban muchas veces la accesibilidad al crédito a los intereses de EE UU.

Un informe del Congreso estadounidense reconoce que una cantidad significativa de los préstamos han destinados a proyectos de infraestructura, petróleo, gas y minería y que, generalmente, estos préstamos tienen términos menos estrictos, no imponen condiciones políticas y poseen pautas ambientales menos rigurosas en comparación con los préstamos de las principales instituciones financieras internacionales.

A China le interesa invertir en desarrollo de infraestructuras porque ello le permite facilitar y abaratar los costos del comercio de cara a mejorar, por ejemplo, las vías desde al Pacífico o al desplazamiento de los recursos de alimentos o minerales que requiere, por mejores carreteras o ferrocarriles y a la vez, aprovechar la altísima capacidad desarrollada por sus empresas.

Instituciones como China Development Bank y Export-Import Bank of China están hoy promoviendo el desarrollo de grandes proyectos de construcción, especialmente en Brasil, que es el principal receptor del financiamiento chino.

En enero pasado, la china CGN Energy International compró operaciones de ENEL en Brasil, por 540 MW de capacidad operativa por un valor de 745 millones de dólares, lo que incluye dos parques de energía solar y uno de energía eólica. Estos ya cuentan con contratos vigentes de venta de energía de largo plazo. En el sector hidroeléctrico, la empresa china Three Gorges anunció, el pasado año, que invertirá en la segunda etapa de un programa de modernización de las represas hidroeléctricas Jupiá e IlhaSolterira en Brasil y la compra del 100% de la empresa hidroeléctrica Atiaia Energia.

Pero la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia ha encendido las alarmas en Beijing, donde en los últimos años se han estado revisando los procedimientos de toma de decisiones de inversión, ante los fracasos que implicaron la renegociación forzada de los créditos a Venezuela, las dificultades para que ese país cumpliera bajo el régimen de Maduro con los compromisos de abastecimiento petrolero y los magros resultados de los préstamos otorgados a Ecuador o al gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner.

Una muestra de la buena sintonía actual entre los gobiernos de China y Argentina lo constituye la reactivación anunciada en marzo pasado de la construcción de Atucha III, la cuarta central nuclear del país sudamericano, que estaría a cargo de la China National Nuclear Corporation (CNNC). La construcción demandará una inversión de 7.900 millones de dólares, de los cuales el 85% será financiado por China. Asimismo, para la ampliación de la represa hidroeléctrica Yacyretáha mostrado interés la empresa Power China. El consorcio chino Gezhouba adquirió el 70% del paquete accionario de Electroingeniería –una empresa vinculada a la corrupción del gobierno de los Kirchner– lo que permitió destrabar la construcción de dos represas en la Patagonia argentina, financiadas por organismos chinos, que estarán operativas en 2023-2024. En el sector de alimentos, en mayo pasado, el presidente Mauricio Macri anunció la apertura del mercado chino a la carne porcina argentina, consolidando un proceso por el cual, entre 2015 y 2018, la exportación de carne porcina argentina creció un 555%.

En 2018 ya se habían destacado dos grandes inversiones chinas en América del Sur en materias primas: TianqiLithium, compró el 24% de la chilena Sociedad Química y Minera (SQM) y Chinalco, expandió su mina de cobre Toromocho en Perú. Y, a comienzos de 2019, se conocieron nuevas inversiones chinas en proyectos de litio en Bolivia. Xinjiang Tbea Group invertirá en los salares de Coipasa y Pastos Grandes de ese país, por una suma total de 2.390 millones de dólares, en un acuerdo que incluye la participación accionaria de Yacimientos de Litio Bolivianos, en una planta de baterías a construirse en China.

Por su parte, las inversiones chinas también fluyen en 2019 hacia Perú. COSCO Shipping, en lo que constituye su primera inversión en América del Sur, adquirió el 60% de la compañía peruana Terminales Portuarios Chancay, tras un acuerdo con Volcán Compañía Minera, titular de Chancay, en una operación de 225 millones de dólares que incluirá en una primera fase cuatro muelles de la terminal (dos serán multipropósito y dos para contenedores) con una capacidad para manipular anualmente 1 millón de TEUs.

En Chile, en marzo pasado, el grupo chino Joyvio, filial del conglomerado Legend Holdings Corporation, adquirió la salmonera chilena Australis Sea Food, cuya producción representa un 9% de la producción total de ese país, por la que abonó 880 millones de dólares.

Uruguay, en abril, dio vía libre mediante un decreto presidencial a la empresa china Shandong Baoma Fishery Group para instalar una mega-base logística y puerto donde operaran más de 500 buques pesqueros. La inversión alcanzará los 250 millones de dólares para construcción de dos muelles de 800 metros, un astillero de reparación, una factoría de transformación de pescado, otra de harina, una más de hielo, un depósito de combustible de 20.000 toneladas, un campo de estiba para contenedores, oficinas y más. Uruguay abre así al capital chino la capacidad de instalarse en el Cono Sur al margen de cuotas y minorando la capacidad de pesquerías como la de merluza.

Como se refleja en el siguiente gráfico, los bancos chinos (China Development Bank y China Export-Import Bank) se han convertido en los prestamistas más grandes de América Latina, con préstamos acumulados han superado los 140.000 millones de dólares entre 2005 y 2018.

Según un informe de Brookings (2018), ratificado por cifras oficiales chinas, ya en 2017 el acumulado de Inversión Extranjera Directa (IED) del gigante asiático en América Latina y Caribe superó los 200.000 millones de dólares. Más de la mitad de esa inversión, que se centraba tradicionalmente en el sector extractivo, en la actualidad se destina a sectores de servicios como transporte, finanzas, electricidad, tecnología de la información, comunicaciones y energía alternativa. En 2017, el comercio entre ambas regiones superó los 266.000 millones de dólares. Y el gobierno chino anunció en 2015 un plan de 10 años para aumentar el comercio con América Latina a 500.000 millones de dólares y las inversiones a 250.000 millones. Empresas y bancos chinos han mostrado interés, desde 2002, en unos 150 proyectos de infraestructura de transporte, la mitad de los cuales están construidos o en alguna fase de su construcción, lo que significa una buena noticia para la región, ya que permite reducir las brechas de desarrollo que mantiene, en especial en infraestructura.